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Ausencia de la madre o del padre de forma forzada: el daño psicológico y la búsqueda de verdad desde la psicología forense


En la práctica judicial contemporánea, los conflictos familiares se han vuelto escenarios donde las emociones, las lealtades y las narrativas pueden llegar a pesar tanto como la evidencia. Uno de los fenómenos más complejos es la forzada de unos de los padres: cuando un padre es separado de su hijo por denuncias de violencia o abuso que, con el tiempo, se demuestran infundadas o carecen de suficiente sustento probatorio.

 

Aunque el propósito inicial de estas medidas suele ser la protección del menor, la realidad es que —en algunos casos— terminan generando daño emocional profundo tanto en el niño como en el progenitor injustamente alejado. Comprender, medir y traducir ese impacto psicológico es parte esencial del trabajo del psicólogo forense.





El Psicólogo forense y su compromiso con la objetividad

La función del psicólogo forense no es tomar partido, ni defender a una de las partes. Su tarea es buscar elementos de verdad psicológica: patrones de conducta, coherencia en los relatos, consistencia emocional y dinámica relacional.

El informe pericial debe construirse desde la neutralidad técnica, lejos de los afectos y los prejuicios que rodean el proceso. Esa objetividad no solo garantiza la credibilidad del perito, sino también la protección del interés superior del menor, que es —en última instancia— el fin supremo de toda intervención.

 

Para lograrlo, resulta fundamental valorar a ambos progenitores. La evaluación unilateral impide ver el cuadro completo, lastimosamente no siempre se cuenta con acceso a ambos padres. Solo a través del análisis comparativo y sistémico se puede entender la realidad familiar: cómo se relacionan entre sí los adultos, qué estilo vincular promueven y cómo esas dinámicas impactan al hijo.

El objetivo no es determinar “quién tiene la razón”, sino qué condiciones favorecen realmente el bienestar psicológico del menor.


 


La huella psicológica de la separación forzada

Cuando la separación se da en un contexto de acusaciones falsas o no comprobadas, el niño puede experimentar una serie de efectos emocionales que van desde la confusión hasta la internalización del conflicto parental.


Entre los signos más frecuentes observados en las valoraciones forenses están:


  • Deterioro del vínculo afectivo con el progenitor ausente.

  • Rechazo inducido o aprendido, especialmente cuando el otro cuidador transmite narrativas hostiles.

  • Sentimientos de culpa o ambivalencia emocional.

  • Pérdida de seguridad afectiva y de referencia identitaria.

  • Aumento de la ansiedad y la desconfianza hacia el entorno.

 

En muchos casos, estos síntomas son interpretados erróneamente como evidencia de abuso o maltrato, cuando en realidad son manifestaciones del trauma que produce la separación injustificada. De ahí la importancia de que el psicólogo forense realice una valoración rigurosa, basada en la evidencia, capaz de diferenciar entre daño real y daño derivado de la dinámica familiar.


 


Evaluar la familia: una visión integral

El análisis de la familia en contextos judiciales no puede limitarse a entrevistas aisladas o pruebas psicométricas individuales. El enfoque forense requiere observar la interacción, los discursos compartidos, los patrones de comunicación y las alianzas o rupturas emocionales que atraviesan al sistema familiar.

 

Evaluar al niño sin conocer a sus padres, o valorar a uno de los adultos sin contrastar su versión, es como mirar una escena con los ojos vendados. Por eso, los peritos éticamente comprometidos insisten en la necesidad de contar con valoraciones de ambos progenitores, entrevistas conjuntas o sesiones de observación familiar, cuando el proceso lo permite. Solo así es posible construir una lectura equilibrada de la realidad: una que refleje la complejidad humana del conflicto y no la simplifique en un informe polarizado.


 


El impacto en las decisiones judiciales

Un informe psicológico forense bien fundamentado puede tener un peso determinante en los procesos de custodia, restablecimiento de contacto o reparación de daño, así como, en asuntos penales de violencia intrafamiliar, abuso sexual u otros.

 



Cuando se demuestra que la ausencia del padre o la madre por estas situaciones, no obedece a negligencia sino a una separación impuesta por denuncias infundadas, el sistema de justicia tiene la oportunidad de corregir el error y proteger los derechos del niño a mantener vínculos afectivos sanos y estables.

 

El aporte del perito es entonces traducir la evidencia psicológica en lenguaje jurídico comprensible, sin juicios morales, pero con claridad técnica. Su informe debe ofrecer al juez un mapa: no decirle qué decidir, sino mostrarle con precisión cuáles son las variables emocionales, vinculares y de desarrollo que deben considerarse.

 


Reflexión final

“Buscar la verdad no es elegir un lado, es entender lo que realmente está ocurriendo.”

 

La labor del psicólogo forense exige sensibilidad y rigor. Sensibilidad para escuchar sin juzgar, y rigor para sostener la objetividad incluso cuando el entorno presiona para lo contrario. La ausencia de unos de los progenitores de forma forzada deja huellas, pero también oportunidades: la oportunidad de que la ciencia, el derecho y la ética converjan para restablecer vínculos y evitar que el dolor de los adultos se herede en los hijos.

 

En última instancia, el trabajo del perito no es defender a un padre ni a una madre, sino proteger la verdad y, con ella, al menor.

 

 
 
 

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Liliana Sanz R  -   © 2014 Todos los Derechos reservados.

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