NAVIDAD, CONFLICTO Y EVALUACIÓN FORENSE: CUANDO LAS LUCES TAPAN LAS GRIETAS FAMILIARES
- lilianasanzr
- 4 dic 2025
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En diciembre, los juzgados suelen llenarse de solicitudes urgentes para modificar acuerdos de custodia, activar visitas incumplidas o revisar calendarios que nunca fueron consensuados con rigor. Entre villancicos, buñuelos y natilla, aparecen frases que deberían sonar a alarma: “el niño no quiere ir”, “este año es diferente”, “ya tenemos algo planeado con la familia”. Lo que a simple vista parece logística festiva, en evaluación forense puede revelar una dinámica más profunda de interferencia en el vínculo con el otro progenitor.
Este fenómeno se vuelve especialmente delicado porque se camufla bajo argumentos emocionalmente legítimos. Nadie quiere ser “el malo” en Navidad. Las excusas suelen venir disfrazadas de protección: “no quiero que sufra”, “no está preparado”, “no le hace bien cambiar rutinas en diciembre”. Y ahí comienza el trabajo serio y técnico del psicólogo forense.

Un conflicto que no empieza en diciembre, solo se hace visible
La instrumentalización de los hijos —entendida como ese proceso donde un progenitor interfiere de manera sistemática en la relación del niño con el otro— rara vez empieza en las fiestas. Lo que ocurre es que diciembre ofrece la oportunidad perfecta para intensificarlo o puede llegar a sentirse más:
Hay tiempo libre,
hay más presencia de la familia extensa,
hay eventos que “requieren asistencia obligatoria”,
y hay una narrativa ampliamente aceptada: “la Navidad es con la familia”.
La pregunta clave en una evaluación forense no es “¿qué pasó el 24?” sino “¿desde cuándo el comportamiento del niño y las decisiones parentales vienen mostrando un patrón sostenido de exclusión del otro progenitor?”.
Por eso, el psicólogo forense analiza trayectoria, no episodios.

Objetividad: no se trata de “bueno” y “malo”, sino de dinámica sistémica
La instrumentalización de los hijos no se investiga para definir villanos. Se investiga para identificar conductas observables, repetidas y medibles que interfieren en el ejercicio de corresponsabilidad parental.
Una evaluación forense seria, ética y objetiva no se basa en una “historia triste mejor contada”. Se basa en:
Conductas reportadas y verificables,
Registro cronológico de decisiones parentales,
Cambios emocionales sostenidos del niño,
Patrones comunicativos entre adultos,
Discrepancias entre relato y evidencia,
Impacto funcional en el menor.

La labor del psicólogo forense: qué se espera concretamente en estos casos de la valoración psicológica forense
1. Evalúa a ambos progenitores
Nada de conclusiones a partir de una sola voz. La imparcialidad no es un discurso, es una metodología: entrevistas paralelas, mismas preguntas clave, mismas oportunidades narrativas.
2. Entrevista al menor sin sugestión
Se debe escuchar, no dirigir. El objetivo no es obtener frases que confirmen el relato de nadie, sino observar cómo el menor construye el significado de cada progenitor.
señales típicas a identificar incluyen (entre otras):
Lenguaje adulto en boca del niño,
Descripciones absolutas (idealización vs. demonización),
Justificaciones basadas en argumentos prestados,
Emociones incongruentes con la narrativa.
3. Observación estructurada
No basta con preguntar; hay que ver. El perito observa:
Interacciones en presencia de cada progenitor,
Manejo emocional ante transiciones,
Respuestas del niño a la autoridad, el afecto y los límites,
Expresiones no verbales cuando se mencionan eventos navideños compartidos.
4. Análisis documental
Los peritos saben que diciembre deja rastro:
Mensajes sobre intercambios de fechas,
Cancelaciones repetidas antes de Navidad,
Notas escolares, excusas médicas y viajes improvisados.
5. Identificación de patrones de refuerzo conductual
Se hacen preguntas centrales, como por ejemplo:
¿Quién premia al niño por preferir un lado?
¿Quién castiga el acercamiento con el otro progenitor?
¿Qué conductas adultas sostienen la resistencia del menor?
Qué NO hace el psicólogo forense en estos casos
No se toma partido por el “más simpático”.
No decide fechas.
No emite juicios morales.
No diagnostica a padres a partir de rumores.
No etiqueta como afectación o instrumentalización todo desacuerdo navideño.
La evaluación se centra en:
Capacidad de negociación,
Regulación emocional adulta,
Expectativas realistas sobre rutinas,
Percepción de justicia y reciprocidad.

En diciembre, el centro real no es el calendario, es el bienestar psicoafectivo
La evaluación forense en época navideña tiene un propósito claro: proteger la continuidad emocional del menor. Una Navidad con vínculos sanos vale más que cualquier regalo.
Aspectos centrales en la evaluación psicológica forense:
Cómo los adultos modulan emociones y responsabilidades,
Qué tanto el niño puede mantener una narrativa propia y no prestada,
Qué tan estable es el acceso afectivo a ambas figuras parentales,
Qué mecanismos se activan cuando surge el conflicto.
El núcleo: continuidad, estabilidad y libertad emocional del menor.
Diciembre no es el origen del problema. Es la lupa. Muestra quién puede pensar en el niño incluso cuando las emociones explotan y quién usa al niño cuando el ego no tolera perder. El trabajo del psicólogo forense, por incómodo que sea a veces, consiste en ver más allá del brillo, del relato seductor y de los argumentos bien decorados. Consiste en observar, registrar, contrastar e informar.
Porque Navidad no es cuestión de quién ganó el 24 y quién recibió el 31. Navidad, desde la mirada técnica y responsable, es una pregunta silenciosa que atraviesa cada evaluación: ¿Este niño podrá recordar diciembre como un tiempo de amor estable, o como la temporada en que tuvo que elegir un bando que nunca quiso?


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