LA RELEVANCIA DEL PERITO PSICÓLOGO EN PROCESOS JUDICIALES: MÁS ALLÁ DEL DICTAMEN
- lilianasanzr
- 1 sept 2025
- 3 Min. de lectura

En el sistema judicial moderno, la figura del perito psicólogo no es un lujo: es una necesidad. Cuando hablamos de delitos sexuales, violencia intrafamiliar, disputas de custodia, demandas laborales por acoso, entre otros, lo que está en juego no son solo normas jurídicas, sino vidas, historias y dignidad humana. En ese escenario, el psicólogo forense aparece como un puente entre la ciencia y el derecho, aportando comprensión técnica allí donde los hechos por sí solos no alcanzan.
Abrir camino en nuevas regiones no siempre es fácil. Supone vencer resistencias, explicar nuestro rol, y demostrar con hechos la diferencia entre un informe improvisado y una pericia sólida. Pero es necesario: cada ciudad, cada juzgado, cada abogado merece acceso a profesionales preparados que fortalezcan el proceso judicial con objetividad y rigor científico.

Una necesidad invisibilizada
He visto abogados brillantes que litigan con pasión, pero que no han creado en sus clientes la conciencia de la importancia del perito. Como si nombrar un psicólogo fuera un gasto innecesario y no una inversión en la solidez de su defensa o de su acusación. Y, claro, el resultado es que los procesos se sostienen sobre relatos débiles, pruebas a medias o argumentos emocionales que el juez fácilmente desmonta.
Lo más doloroso es que en muchos de estos lugares abundan casos de violencia intrafamiliar, delitos sexuales, disputas de custodia, falsas acusaciones o demandas laborales por acoso. Todos escenarios donde la mirada del psicólogo forense no es opcional, sino esencial.

Conocer al perito: funciones y alcances
La labor del psicólogo forense va mucho más allá de “evaluar” a una persona. Implica:
Traducir lo psicológico a un lenguaje jurídico, claro y útil para jueces y abogados.
Evaluar con instrumentos validados: no opiniones, sino resultados objetivos.
Responder a puntos de pericia concretos, delimitados por la autoridad judicial.
Mantener imparcialidad: no somos defensores ni acusadores, sino peritos al servicio de la verdad procesal.
Cuando los abogados conocen estas funciones, descubren fortalezas que pueden transformar su estrategia: un buen informe puede clarificar lo que parecía ambiguo, abrir líneas de defensa, o robustecer una acusación que, sin sustento psicológico, se vería frágil.

En procesos penales
Aquí el perito puede aportar entre otros en:
Credibilidad del testimonio: especialmente en menores o en víctimas con relatos fragmentados.
Evaluación de daño psicológico: estableciendo si existe trauma, ansiedad, depresión o estrés postraumático.
Detección de simulación o sugestión: diferenciando entre lo vivido, lo inventado y lo inducido.
Refutación – contrainformes: haciendo un análisis exhaustivo de la información que aporten las partes, resaltando las fortalezas y las falencias, haciendo visible si lo allí encontrado aporta al proceso o no.
Un juez sin esta perspectiva corre el riesgo de fallar con base en percepciones subjetivas o estereotipos.
En procesos civiles
Los conflictos familiares requieren mirada especializada. El psicólogo forense evalúa:
Capacidad parental, estilos de crianza y dinámicas familiares.
Interés superior del menor, eje central en custodia y visitas.
Impacto de la separación en niños y adolescentes.
Divorcio complicado
Aquí el informe psicológico no solo informa: orienta al juez para proteger lo más valioso, los hijos, la familia.
En procesos laborales
El mundo del trabajo también tiene su lado invisible. El perito psicólogo puede:
Determinar daños emocionales en víctimas de acoso o mobbing.
Valorar estrés postraumático en accidentes laborales.
Analizar cómo el entorno organizacional influye en la salud mental.
El resultado es evidencia objetiva para reclamaciones, indemnizaciones o medidas de protección.

Desafío y oportunidad: expandir el rol del perito
La psicología forense aún enfrenta el reto de ser reconocida en todos los rincones del país. No basta con que existan peritos en grandes ciudades; las regiones también tienen casos urgentes y merecen acceso a evaluaciones de calidad. Abrir camino implica educar, sensibilizar y acompañar a abogados que muchas veces no saben cuánto puede fortalecer su estrategia contar con un perito serio.
Conclusión
El perito psicólogo es más que un evaluador: es un garante de objetividad, un traductor entre el mundo de la mente y el mundo del derecho. Su presencia en procesos penales, civiles y laborales no es opcional, sino fundamental para que la justicia sea realmente justa.
Los abogados que entienden esto no solo suman un informe técnico: suman claridad, estrategia y respaldo científico. Y las regiones que empiezan a contar con peritos formados no solo ganan procesos mejor sustentados, sino ciudadanos más protegidos


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